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Eficiencia energética

Eficiencia energética en las ciudades.
Por Por Alfred Sa.

Hoy dia no hay un articulo, ensayo o documento escrito sobre temas de iluminación que no gire alrededor de la eficacia, la eficiencia o la sostenibilidad. Lo que quiero explicar aquí en pocas líneas es que debemos hacer un esfuerzo por aplicar, todo al mismo tiempo, los criterios ya citados junto con la visión artística o sensorial de la iluminación, además de la potenciación de la belleza de nuestro entorno.

Me dicen que este año el evento Light+Building también estará dedicado a la eficiencia energética ¿cómo no? y por tanto todos los fabricantes y expositores se esmerarán por enseñarnos sus últimos productos super eficaces, super eficientes y super sostenibles. Y nosotros todos, ávidos de conocimiento, asistiremos allí super motivados super  felices y super eficientes apuntando las novedades y pidiendo como no, tres catálogos de cada.

En mi opinión todos los proyectos de iluminación en la ciudad deberían plantearse de forma que se magnifique la eficiencia energética y la sostenibilidad, pero respetando siempre los criterios artísticos, estéticos y conceptuales, que son parte importante del proyecto, porque sino, convertiremos la ciudad en un polígono industrial, simplemente aderezado con edificios y personas. Opino que la mayoría de proyectistas, por no decir todos, están obligados a hacerlo.

Pero esto no ha sido siempre así. Hace muchos años, al principio de mi vida laboral, al plantear un proyecto, quienes me solicitaban un proyecto, o quienes me aconsejaban para llevar lo a cabo, no se planteaban tanto la eficacia como el resultado. Al hablar con mis clientes, normalmente éstos tenían una idea estipulada, fija e inamovible, antes de que yo hablara con ellos, sobre cúal resultado deberíamos esperar en un proyecto.  Normalmente, siempre me pedían más luz de la que yo era capaz de aconsejar, (a pesar de que a mi podría haberme interesado “vender” más producto, yo siempre prefería poner la cantidad justa, y no sobrepasar las recomendaciones vigentes).

Con  el tiempo fui acostumbrándome y habituándome a recortar las expectativas de mis interlocutores. Puedo recordar algunos ejemplos, como aquella semana en que me tocó negociar con tres distintos clientes valores entre 12, 25 o 90 lux para una misma aplicación. O aquel concurso público en que evité proponer la solución del cliente, con fluorescentes o con fibra óptica para la iluminación de las calles de Barcelona. Otras veces tuve que “luchar” técnicamente con la administración, para que no se instalaran 400 luminarias que lanzaban un 40% de su flujo lumínico exagerada hacia el cielo, pero no lo conseguí (porque aquella batalla la ganó exclusivamente el factor diseño). Recuerdo otra ocasión en que yo proponía una lámpara muy eficiente, muy eficaz y sobresaliente en el aspecto cromático, pero recién aparecida en el mercado, y mi cliente me exigía la lámpara de siempre, aquella que conocía mas, con casi 3 veces mas consumo (menos eficiente) y con un reflector de muchísimo menos rendimiento (menos eficaz) y con una calidad cromática del 50% de la que yo proponía. Esta batalla sí la gané, porque a veces la lógica (o la sostenibilidad) se impone. Por aquella misma época yo ya proponía luminarias peatonales de exterior con reflector al que ahora llamaríamos  “no contaminante” (pues las empresas europeasde iluminación  ya lo hacían asi) y en cambio los clientes aun me pedían para iluminar esas zonas  las luminarias tipo” globo”, básicamente  por ser más baratas.

Hoy, todos, todos, somos defensores de la eficiencia. Aunque algunos estamentos se pasen y confundan el ahorro energético con la prohibición de iluminar (un terrible concepto erróneo que dice “si no ilumino, no gasto energía”).  Ahora muchas veces me toca hacer lo contrario que hace unos años, ahora tengo que justificar que la iluminación exterior de las ciudades no es mala ni contaminante, si  la aplicamos con el criterio correcto. Gastando la energía allí donde hace falta. Aplicando la luz con cuentagotas si es necesario, pero aplicándola al fin y al cabo, porque la necesitamos, y porque nos hace la vida más satisfactoria.

En cuanto a iluminación vial o peatonal, generalmente en las ciudades tenemos focos de exceso de potencia lumínica pero otros puntos en que falta mayor cantidad y calidad de iluminación. No se trata de restringir para ahorrar, ni de poner “más luz que en la calle de al lado”, sino que se trata de equilibrar las necesidades reales, y sobre todo, hacerlo bonito en la medida de lo posible.

Demos a los viales la luz que necesitan los vehículos, pero hagámoslo humanizando también la ciudad, favoreciendo mediante la luz el tránsito de peatones en aceras, pasos cebra, escaleras, iluminando también las zonas verdes, los monumentos o edificios.

La iluminación de jardines dentro de la ciudad es una necesidad , y es un refuerzo para la seguridad nocturna de los peatones. No se trata de poner “luz amarilla” para ahorrar (pero destrozando el aspecto visual de la vegetación o de las flores) ni tampoco se trata de poner “luz blanca”  cueste lo que cueste. Hoy dia existen suficientes sistemas y lámparas en el mercado para aunar ambos criterios, embelleciendo (cuidar el aspecto artístico) las zonas verdes pero consiguiendo la luz correcta (ahorro energético) con la mínima potencia (eficiencia energética)

En cuanto a la iluminación ornamental o artística de edificios, debemos defender claramente que ésta es un bien para la ciudad y sus habitantes, y nunca un despilfarro si se ajusta a las normativas y se aplica en los edificios que realmente lo merecen. Apliquemos bien la luz, usemos lámparas y proyectores eficientes y tendremos un magnífico patrimonio iluminado y por tanto visible, generador de riqueza. Embellezcamos la ciudad para goce de nuestros propios ciudadanos y los visitantes externos, y generaremos más viajes, visitas, cenas, paseos, cultura, fotografías, congresos, turismo y economía positiva, en fin. Hoy dia es posible sustituir toda la iluminación ornamental de un edificio que use sistemas convencionales e ineficientes, con sistemas nuevos que recorten el gasto energético un 50% o un 75%, pero respetando el aspecto artístico. Falta la voluntad de hacerlo, y por supuesto el presupuesto para llevarlo a cabo. Pero, ¿qué mejor ahorro para una ciudad? ¿qué mejor promoción económica?

Y qué decir de la iluminación funcional de los edificios de la ciudad (quién no ha visto docenas de edificios con todas sus plantas iluminadas interiormente durante toda la tarde y parte de la noche). Si en un edificio tenemos por ejemplo 500 luminarias con 4 tubos fluorescentes de 36w o 58w … ¿cuánta energía estamos despilfarrando? ¿Es necesario tenerlo todo encendido, incluso en edificios públicos, para el servicio de limpieza? ¿o es porque no hay dinero para instalar un simple sistema de control de la iluminación?

Uso de nuevas tecnologías: iluminación con led. ¿Estamos a favor o en contra? Debemos estar una vez más a favor, pero no dejando de mirar la rentabilidad económica en todo el periodo de explotación, en toda la vida del producto. El led permite ajustar la cantidad de luz, miniaturizar los aparatos, regular el flujo luminoso, controlar el haz de luz, etc Todo esto son ventajas pero en el otro lado de la balanza hemos de contabilizar los contras: el precio, la falta de productos fiables, la baja calidad de la luz (en los sistemas menos caros) y la falta de normativas o estandars para comparar y garantizar la fiabilidad. En la ciudad, los leds irán introduciéndose poco a poco, pero hoy otras lámparas son todavía más eficientes. Escojamos en cada caso la mejor combinación de sistemas, lámparas y marcas que cumpla con todos los requisitos estéticos y económicos.

Eficiencia energética sola, no, por favor. Busquemos la eficiencia, si, y protejamos el medio ambiente, pero añadiéndole un poco de lógica y respetando y procurando aumentar la belleza y mejorando la imagen nocturna de nuestras ciudades.

Publicado en la revista idl, Abril 2010

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