Por María Asia Sierra y Gisela Steiger

Existen varias formas de afrontar una colaboración con un equipo técnico, constituido por arquitectos, interioristas, ingenieros o instaladores.

En ocasiones nos requieren para desarrollar un proyecto de iluminación completo, pero otras veces nos encargan únicamente la revisión de los planos ejecutivos y la especificación de luminarias y equipos.

Muy curiosamente, es precisamente en estos casos en los que nos debemos dedicar a reducir puntos de luz, en lugar de agregarlos o de aconsejar su mejor distribución.

Hoy en día existe un miedo congénito a la falta de luz. Nos hemos encontrado en reuniones muy cómicas en las que los técnicos responsables del proyecto han ido entrando gradualmente en un estado de pánico al ver cómo eliminamos con alegría y sin temor puntos de luz de los planos.

Con frecuencia nos encontramos ante estancias diseñadas con un techo muy marcado en el que se ha dispuesto una retícula de downlights de 4×4 en espacios de no más de 25m2. Se está convirtiendo en algo habitual observar espacios con una cantidad exagerada de puntos de luz y una iluminación más apropiada para una  sala de quirófano que para un dormitorio.

Entender y valorar qué necesidades tiene cada espacio es el first step de nuestra profesión, y es por ello que el equipo técnico deposita su confianza en nosotros.

En función de la actividad que se vaya a desarrollar, el espacio deberá precisar de una iluminación general y homogénea, como en oficinas, consultas médicas o almacenes, donde las tareas a desarrollar requieren de una concentración visual elevada y prolongada en el tiempo; o, por el contrario, el espacio necesitará una iluminación focalizada y contrastada, como en viviendas, restaurantes y hoteles, donde las tareas a desarrollar requieren de otro tipo de confort visual.

Algunos de los mejores ejemplos de ésta práctica los hemos podido experimentar en el ámbito residencial: el exceso de luz juega en gran medida en nuestra contra cuando lo que queremos es crear diferentes ambientes visualmente confortables.

Nuestra meta es la de crear una diversidad de espacios cómodos en los que vivir y en los que la vista esté relajada y descansada, siempre cumpliendo con las necesidades visuales de las tareas que se vayan a desarrollar.

 

LOGRAR EL CONFORT LUMÍNICO

Conseguir ambientes lumínicamente confortables pasa por acabar con las mallas reticulares de luminarias y apostar por un equilibrio entre iluminación ambiental y puntual. No es un secreto entre los expertos, pero conseguirlo a veces supone un gran reto, dependiendo del proyecto, el cliente y el grupo técnico.

Para lograr ambientes acogedores solemos hacer uso de la iluminación ambiental; es decir, tratamos la luz de forma indirecta, bien sea mediante su integración en la arquitectura (foseados en techo, en paredes, iluminación integrada en zócalos, retroiluminación) o mediante luminarias decorativas que no deslumbren debido a su diseño.

Consideramos muy importante jugar con las superficies, los materiales, las texturas y los colores y estudiar el rebote o reflejo que la luz puede producir sobre ellos, dependiendo del ángulo, la inclinación y la posición de la luminaria.

No hay que olvidarse de la iluminación puntual, que juega un gran papel para la creación de espacios contrastados y vivos.

Precisamos de luz dirigida en aquellas zonas donde se vayan a desarrollar tareas como leer, trabajar, cocinar, comer, maquillarse o afeitarse, entre otras.

Hay que tener en cuenta que la luz puntual no tiene que estar necesariamente integrada en el techo. Es más, no siempre es aconsejable que ésta venga del techo, sino más bien de un paramento vertical y de forma frontal, como sería el caso de la iluminación en aseos para poder maquillarse o afeitarse. En estos casos, siempre recomendamos luz frontal, bien sea integrada en los laterales o parte superior del espejo, o cualquier tipo de aplique apantallado correctamente con un difusor opal para que no deslumbre y con una emisión de luz homogénea.

 

ILUMINAR ÚNICAMENTE DÓNDE ES NECESARIO

Al inicio del artículo comentábamos cómo los técnicos responsables del proyecto entran en panic attack cuando nos ven eliminar, con alegría, a veces más de la mitad de los puntos de luz que han sido previstos para los espacios.

Nuestro trabajo también consiste en aconsejar, explicar y sugerir sobre la importancia de iluminar únicamente dónde es necesario.

No consiste en perforar un techo como un queso emmental, sino en saber dónde y cómo posicionar los elementos lumínicos.

Hay que concienciar al usuario de que un espacio bien iluminado no es aquel en el que tenemos un chorro de luz tan potente, en el cual se tenga que entrar con gafas de sol, sino que es aquel en el que cada luminaria ha sido pensada y ubicada para un uso concreto y correcto.

 

Light Squad es un estudio de iluminación arquitectónica de nueva creación, dirigido por María Asia Sierra y Gisela Steiger: dos arquitectas especializadas en el ámbito de la iluminación, con recorrido profesional en importantes estudios nacionales e internacionales de esta especialidad.

Su misión es potenciar la mas idónea solución, aportando las alternativas más adecuadas a las necesidades de cada proyecto y de cada cliente.

Se conocieron colaborando en un estudio de iluminación en Barcelona, emprendieron caminos paralelos durante dos años, ganando así más experiencia en este campo, y, en el año 2017 decidieron unirse para iniciar una nueva generación de Lighting Designers en España. Ambas forman parte de la asociación APDI.

Son jóvenes, divertidas, ingeniosas y muy profesionales. Llegan pisando fuerte y cargadas de energía y buen ánimo. Uno de sus objetivos es la de dar a conocer al mundo la figura del lighting designer y su importancia dentro del equipo técnico del proyecto.